
Hemos ido creciendo con el paso de los años. Somos ahora diferentes a como éramos entonces, aunque en esencia sigamos siendo los mismos.
Sin embargo, el viejo cerrojo del chalet de mis padres sigue siendo igual que era cuando éramos niños. Sigue unido en alianza eterna a su agrietada puerta de madera. Sigue custodiando sus dominios con la autoridad del acero antiguo, con el rigor del guardián experto.
Él sigue ahí, como cuando aún no podíamos alcanzarlo.
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